Subseres televisivos

Es para mí un placer iniciar por fin el proyecto de mi newsletter. Sé que he dicho desde hace tiempo que lo haría pronto, pero mis compromisos y obligaciones a veces resultan asfixiantes. Haré un mínimo de dos al mes, aunque he de confesar que intentaré hacer bastantes más. Lo que sí os digo es que el formato va a ser un poco diferente a lo que solemos ver en este tipo de cuestiones. Mi idea es que sea algo bastante personal, a nivel de reflexiones, planteamientos y, en general, desahogos de la vida y sociedad en nuestro país.

He decidido que esta primera newsletter esté dedicada a algo que me enfurece sobremanera: los tertulianos semianalfabetos pagados por el Gobierno o lobbies de la nueva izquierda. Cada vez que voy a un sitio —pues en mi casa no veo televisión— y me encuentro con gente profundamente ignorante, sin capacidades de oratoria y sin oficio ni estudios conocidos con un altavoz tan importante, se me revuelven las tripas. Su papel, desde la mediocridad, si es que llegan a ella, es contribuir a alienar a la población, ayudar a tener a la gente dominada y sumisa. Sus métodos son la mentira, la difamación, el grito y el insulto, por supuesto con la colaboración de presentadores sin alma ni escrúpulos que les defienden ante cualquiera que muestre lo que realmente son.

A pesar de que lo que digan sea mentira o puro relato indocumentado, serán defendidos y llamados un programa tras otro. Curiosamente, este tipo de tertulianos faltan a sus labores cuando saben que va alguien que les puede hacer sentir mal. Lo cual sucedió recientemente con Sarah Santaolalla y Macarena Olona, a quien la primera rehúye como si le fuera la vida en ello. Es lo que tiene que tu único mérito en la vida sea ser del PSOE —fue en listas por Salamanca— y que tu novio sea Javier Ruiz, un cincuentón cucaracho castigado por la vida que no duda en enchufarla hasta en su propio programa. Ya ni se cortan en mantener las apariencias.

Es chocante que, en este tipo de programas, hasta un personaje como Ramón Espinar —viejo conocido de mi facultad, que de nada sabe y que no es precisamente el lapicero más afilado del estuche, cuya única capacidad es la de arrimarse al sol que más calienta— se permita intentar dar lecciones, faltando al respeto a toda persona a la que invitan al programa en que participa y no defiende los dogmas de la secta a la que pertenece. España se ha convertido en un país que premia al inepto, al palmero que es un indigente mental, y castiga al que difiere, al que trabaja y tiene criterio propio. Vivimos en una época de zombificación, y los idiotas de todo pelaje son los que medran, para servir de ejemplo al resto de la población y que sean imitados. No hay nada más fácil de controlar que un imbécil que solo da palmadas al poder al son del ritmo que le marcan. Por eso promueven y necesitan a Ramones Espinares, Sarahs Santaolalla y demás ralea.

No quiero finalizar este pequeño desahogo sin recomendar a la gente que desarrolle criterio propio, que lea, que busque información y que no se deje llevar por la masa aborregada y dirigida por personajes nefastos que, en cualquier sociedad sana, nadie sabría ni quiénes son.

Espero que haya sido de su agrado y de utilidad. En poco tiempo mandaré la siguiente newsletter.

Un abrazo a todos.

A seguir dando guerra

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